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Saint Of The Pit

Saint of the Pit

1986

“Soy el vampiro de mis
propias venas
Uno de los de aquella gran horda perdida
Condenada por el resto de los tiempos y más allá
Para reír, pero no sonreír jamás”

Lista de temas:

1.- La Trezième Revient [The
Thirteenth Returns]
2.- Exeloume [Deliver Me]
3.- L’Heautontimioroumenos (1857) [Self-Tormentor]
4.- Artémis (1854)
5.- Cris D’Aveugle (1873) [Blind Man’s Cry]

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Por Emma Dors

Es la segunda parte de esta compleja trilogía, Saint Of The Pit (Santo Del Abismo”, 1986) Diamanda habla por boca de los que, como Cristo, fueron crucificados por sus creencias.

 

Diamanda da aquí voz a los afligidos por esta muerte lenta, agonizante. Junto a sus propios textos, incluye otros de la escuela simbolista francesa, de poetas del siglo XIX, tales como Baudelaire, Corbiere y Nerval, al ritmo insistente e insidioso de los cánticos gregorianos. La inclusión de estos poemas puede responder a un rasgo sentimental por parte de la artista, ya que según ella misma dice, su hermano le dio su libro favorito de poesía francesa en su lecho de muerte. Para Diamanda no hay mejor homenaje a su memoria y a la de los martirizados como él, que el incluir estos poemas en su obra. No en vano ve Diamanda a las víctimas de la plaga del SIDA como santos actuales abandonados por una sociedad cruel y carente de la más mínima compasión.

 

El álbum pasa del punto de vista externo propio de la comunidad al estado mental interno de la víctima. La obra se abre con una ominosa introducción, “La Treiziemen Revient,” un solo de órgano Hammond. En este momento tiene lugar una transformación espiritual, en que el dolor purga el alma, reflejándose ello en una octava arquetípica, donde la intensa ira impotente se diluye.

 

A esta pieza le sigue “Deliver Me,” (“Líbrame”) en un solo vibrante, como un lamento propio de la música del Oriente Medio tan angustioso que mueve al oyente en lo más profundo de su alma. Los gemidos de la cantante semejan flechas ardientes dirigidas hacia lo más profundo de la esencia humana.

La última sección de esta parte, cantada en francés, es un poema de Baudelaire, que empieza: “No más ira, no más rencor: Os derrotaré como los carniceros cayeron ante el hacha. Como Moisés golpeó la roca en Horeb, así os haré llorar”. El final no es menos expresivo: “Soy el vampiro de mis propias venas, uno de los de aquella gran horda perdida condenada por el resto de los tiempos, y más allá, para reir – pero no sonreir jamás -“.

 

La segunda parte de este álbum se inicia con un tema griego, homenaje a su hermano, en que la cantante explora su yo interior, medita sobre su situación, y refleja un profundo sentimiento de tristeza. Este tema, “L’heautontimoroumenos”, contiene sugestivas voces con una extraña carga de erotismo, de oscura naturaleza, y retoma el poema de Baudelaire adaptado con modulaciones posesas y obsesivas, en un surrealista diálogo entre niños y brujas, al tiempo que apunta a una respuesta arquetípica: la nobleza de aceptar el propio destino, aún desde el abismo del sufrimiento.  

 

La artista nos regala con una versión operística tradicional del poema de Nerval, “Artemis”, con el que desarrolla sus atormentadas metáforas, donde el alma se autoevalúa en una profunda introspección, llegando a la renuncia, e incluso a la excomunión. El tema concluye con el poema de Corbiere, “Cris D’Aveugle” (“EL Lamento del Ciego”), en que un sostenido alarido que recuerda el de los murciélagos, gradualmente da paso a una cacofonía de voces que ahoga el “Deus Misericors” del coro: se oye la voz cascada de una persona anciana, una inocente voz infantil susurrante, murmullos apenas audibles mezclados con chirridos, arias que resuenan de cerca y de lejos, quejidos y aullidos, gruñidos y gemidos, susurros ultraterrenos que recuerdan el aire que escapa de una rueda pinchada o tal vez de un globo, suspiros agónicos…

 

Parece como si todos losmonstruos del abismo infernal hubiesen cobrado voz propia. Cuando el oyente está al límite de su resistencia, se produce una pausa y se oye el texto final: “Perdón por rogar tanto, Señor, si es mi destino que mis dos ojos ardan en las fuentes del agua sagrada. El Diablo tiene sus dedos dentro. Perdona por clamar en voz alta, Señor, contra el destino. Oigo el viento del norte que ruge cual un cuerno de caza. Es la llamada de caza para matar a los muertos. Es la llamada a la jauría espectral, oigo el viento del norte, oigo el cuerno de caza”.