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De Diamanda Galás

Por Fernanda Tapia, 2004.

Hace unos días tuve la oportunidad de platicar vía telefónica con la diva Diamanda Galás; a algunos este nombre simplemente no los remite a nada, pero hay una gran cantidad de admiradores (yo entre ellos) a quienes su voz y temperamento simplemente nos cambiaron la vida. Fue una mañanita fría, saliendo temprano el primer turno en Espacio 59 cuando me dirigí a la entonces caso de Jorge Reyes (a quien envió un cariñoso saludo).

Él preparó el té, sacó un jorongo para envolverse (aunque no sé cómo carambas iba a entrar en calor si insistía en permanecer descalzo) y empezó a poner música que acababa de traer de su más reciente gira: Tom Waits, el Harmonic Choire de Londres, un chamán mongol que ejecutaba armónicos como chiflar y comer pinole y finalmente … la primera producción de Diamanda. Ella en la portada verdaderamente amenazante, cual pitonisa y en trance a punto de lanzarte la peor maldición que pudiera escapar de sus carnosos labios, por donde seguramente escaparían serpientes a la hora de las invocaciones. Yo me puse “algo nerviosita” con los responsos y la jeringozas en tonos simplemente no humanos. Después Jorge me confesó que ese disco lo usaba para espantar a sus amigas y que nadie había resistido oírlo a solas con él a altas horas de la noche; y yo pues no iba a ser la excepción, así que como ya había tenido una buena cátedra de rarezas musicales y dos litros de té, decidí enfilarme por las calles de Tlalpan a echarme unas quesadillas junto al Fray Bernardino escapar de la ira de esa bruja de ojos verdes cuyo rostro un olvidaría en los próximos años.

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Después vinieron otras producciones, unas más rockeras que rituales, otras despertando conciencia acerca de la problemática del VIH o vestida de rojo furioso un “en vivo” muy potente. Se presumía toda clase de rumores acerca de esta dama tan misteriosa que rescataba misas negras en antiguos dialectos y de quien en su vida privada se sabía muy poco o nada. Y de pronto, una tarde me llama Orly, una importante empresaria a quien debemos el deleite de haber escuchado en México a importantísimos exponentes de la música clásica o de la World Music o de otros géneros que nadie se atrevería como para arriesgar sus dineros: Madredeus, Tito Puente (q.e.p.d.) Philip Glass. Así con su voz traviesa me dice, “prepárate porque a las 14 horas te llevo a Diamanda” (yo juré haberle oído Amanda y hasta llegue a pensar en un febril desmayo que podría ser el “regresó” de Amanda Miguel. Nada más equivocado).

Llegó a Atlazolpa y ahí estaba una mujer muy delgada, facciones que cualquier prima donna envidiaría, de piel blanquísima de ojos enormes verde cristalino, cabello muy negro, labios muy rojos; caray todo en ella era muy intenso, pero en si … su personalidad y su voz eran tan vaporosas, aterciopeladas, suaves … como un hermoso gato de angora caminando delicadamente sobre tu vajilla de cristal cortado … Era Diamanda Galás. ¿Ah! ¿Pero iba a hablar de su última llamada hace unos días, no?

Diamanda vive Nueva York, sola. No tiene gato ni perro ni plantas, porque ella dice que vive libre absolutamente, sin ninguna preocupación o compromiso en su propia casa, para ella eso sería simplemente boicotearse. Le cuesta muchísimo trabajo que la contraten en escenarios comerciales para presentarse en cualquier parte del mundo. Le extraña en México tener tanto público que la sigue rindiéndole culto. Lo único que hace para cuidar su voz es tenerle misericordia (cosa que en escenario se nota poco, porque le obliga a los más peligrosos ejercicios vocales). La primera vez que vino a México se acompañó de un piano el Teatro Metropólitan y pese a que su voz se negó a emitir esos sobre agudos y filados que erizarían la piel de cualquiera, el espectáculo alcanzó puntos de verdadero trance. En un momento volteé la cabeza hacia el auditorio y pude verlos con los ojos desorbitados, sonrientes con la sonrisa de los locos, y algunos como el maestro Monsiváis, hasta con los lentes empañados. Era una locura y todos queríamos más y más … como si pudiéramos resistirlo. Ni hablar.

La experiencia se repitió los días 31 de octubre y 1 de noviembre; fechas elegidas a propósito por Diamanda y los organizadores. Ella conoce nuestra extensa tradición de muertos y la admira. Esta vez, los monopolistas de OCESA se quedaron fuera de la jugada y el recinto fue el Claustro de Sor Juana, donde los alumnos artistas plásticos del lugar hicieron una ambientación especial con ofrenda, veladoras y todo lo necesario para que ahí se celebrará una velada, de ésas que tocan nuestros sentidos y se inscriben en nuestra memoria. El lugar no es muy amplio, lo que hace más íntimos estos encuentros (recuerden Madredeus) y por ende los boletos se acabaron, de hecho sólo se consiguieron en las taquillas del propio Claustro de Sor Juana, en el Centro y en el CNA (para los que están más en el sur). El departamento de difusión cultural del Claustro está organizando asimismo cátedras, talleres y clínicas con los virtuosos que se presentan, además de pláticas a puerta cerrada con los interesados en aprender directamente de estos maestros. También reciben hoy por hoy la producción de jóvenes poetas mexicanos, para que la Galás elija lo que mejor le parezca y les ponga música para su próxima producción. Esto le anima bastante. Por último, me platicó acerca de su actual material (Defixiones Will & Testament), que interpretará en el Claustro, para deleite de unos pocos:

Es acerca de los muertos precisamente y la tradición griega. Allá se les entierra hasta que desaparece la carne y después los huesos son exhumados y colocados en vinagre hasta que se deshacen. Luego son depositados en unas urnas especiales adonde los familiares les llevan ofrendas de comida, bebida y bendiciones … muy parecido a México. Pero lo que más llama la atención son las maldiciones en las lápidas antiguas griegas, turcas y judías para evitar que robaran los cadáveres de sus sepulcros … decían algo así como “aquellos que osen profanar este sitio serán maldecidos igual que su hermana menor y la hermana menor de ésta. Sus familias y las de ellas y todos serán enterrados muy enfermos en medio de gran dolor”.

 

 

Tapia, Fernanda. El sexo y otros cuentos de hadas. Plaza Janés, 2004.

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